
Claudia Golzman nació en Buenos Aires, Argentina, donde reside actualmente.
Desde siempre dibujó y pintó. Estudió con Luisa Reisner. Cursó la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y la Escuela del Vidrio de Berazategui. Se formó como escultora con Aurelio Macchi y Antonio Pujía y como artista del vidrio con Silvia Levenson.
Tiene cinco hijos artistas, que la enriquecen y dan cuenta de una experiencia de vida intensa y apasionada.
Comenzó a viajar al exterior a partir de los 50 años y la posibilidad de ver en los museos las obras de artistas tan admirados, la conmovió y revolucionó su modo de trabajo.
Es una de las fundadoras de la Red Muralista Argentina y del grupo Contraluz Mural. Cuando descubrió el vidrio, se fascinó con la idea de trabajar con luz, de hacer murales transparentes y se abocó a la realización de vitrales.
A partir de 2008 incursionó en esa técnica a la cera perdida del vidrio colado por crisol y la pasta de vidrio.
Indaga en lo intangible de las relaciones humanas, a través de esculturas que revelan el escandaloso equilibrio entre la vida y la muerte.
Su trabajo actual se enfoca en la tragedia de los éxodos migrantes, como una forma posible de interpelación sobre complejos y sensibles conflictos de escala masiva. Cuerpos agolpados que tensan fronteras y buscan resquicios para vivir.
Le interesa el vidrio como materia simbólica de la memoria emocional y por la oposición que ofrece entre lo que parece ser y lo que representa.
Obtuvo el Premios Adquisición del Salón Nacional de Arte en Vidrio de Argentina en 2016 y 2018
Expuso en: Galería de Arte Buenos Aires Sur-CABA en 2015 y 2017, Colegio Mayor Argentino de Madrid en 2014, Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón en 2019, Bullseye Gallery- Emerge 2012, Portland- USA..
Es parte de las colecciones del Museo Nacional del Vidrio de Argentina; Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón; Museo del Vidrio de Altare, Italia.